Ensayos y tesis de inversión en empresas DGI

El proyecto

El ser humano es el único ser vivo que ante un problema complicado, buscará una respuesta complicada, obviando la solución lógica por dudar de su simpleza

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Cartas del Dividendo: Bienvenidos a bordo.

Es curioso que el ser humano, a pesar de los avances científicos, técnicos y sociales que hemos visto florecer a lo largo del último siglo, siga actuando de manera azarosa a la hora de enfrentarse a una acción como es la de invertir nuestro capital.

Todos los que, de un modo u otro, estamos familiarizados con el mundo de la inversión, habremos escuchado muchas veces eso de que para tener éxito en el mercado de valores la clave es comprar barato y vender caro. Pero seamos sinceros con nosotros mismos antes de arriesgar el patrimonio que tanto trabajo y esfuerzo nos ha costado reunir: ¿Cuántas personas tienen la capacidad, formación, tiempo y talento para ganar dinero siendo precisos en sus momentos de compra-venta? Es más, ¿cuántas de esas personas que han conseguido hacerlo pueden mantener esa operativa en el tiempo antes de que la moneda caiga del lado imprevisto?

No nos engañemos. No nos hagamos trampas al solitario. Posiblemente habrá un perfil de inversor sediento de esa adrenalina que se dibuja en líneas ascendentes y descendentes, rojos y verdes. Seguramente, el perfil de esas personas no dista mucho de los que podríamos encontrar en un casino, una casa de apuestas o en el bingo. Pero no es el nuestro. El equipo que hemos reunido para este proyecto cree firmemente en la gestión tranquila de nuestro patrimonio. Hemos dedicado décadas de trabajo y esfuerzo en nuestras profesiones como para dedicar jornadas extra a la gestión del capital logrado. Entendemos que el dinero debe trabajar para nosotros de la forma más práctica, eficaz y tranquila posible.

Contaba Josh Peters, editor del antiguo boletín de Morningstar, “Dividend Investor”, que a lo largo de toda su carrera profesional como gestor de grandes patrimonios y empresas cotizadas, nunca vio una forma tan sencilla, tan noble en sus predicciones y tan poderosa, como la inversión en dividendos crecientes. A lo largo de los futuros números de esta carta quincenal (2 al mes, enviándose el 2º sábado y 4º sábado de cada mes), les presentaremos numerosas historias de éxito de personas normales y corrientes, a menudo ajenas al mundo de las finanzas, pero que de forma silenciosa, amasaron fortunas impresionantes.

No obstante, permítanme la licencia de regalarles una de ellas. Sirva de ilustración al lector como muestra de nuestras intenciones, nuestra hoja de ruta a seguir: Durante los años de gestor de grandes patrimonios en el broker americano Charles Schwab, Josh Peters recibió la visita de una mujer de edad avanzada, que justo acababa de retirarse. Esta mujer, se presentó en la oficina con un archivador A-Z repleto de extractos, documentos y certificados de posesión de acciones. Se llamaba Marjorie Bradt.

Marjorie quería poner todos sus papeles en orden, y ante el cambio de operativa en el año 2000, en el cual los brokers americanos dejaron de certificar físicamente la compra-venta de valores, nuestra protagonista quiso unificar los títulos físicos que poseía mediante certificados y los nuevos que el broker le apuntaba digitalmente en su nueva cuenta de inversión. Cuando Peters comenzó a poner en orden aquellos documentos, vio que muchos de ellos se remontaban cinco décadas atrás, incluso anteriores a 1950. Pero lo más sorprendente fue comprobar que prácticamente todos los títulos que Marjorie poseía pertenecían a las distintas escisiones que AT&T había tenido desde los tiempos en que cotizaba como Bell Telephone Company (conocida coloquialmente como Ma Bell).

Navegando hacia atrás en el tiempo y secuenciando todos aquellos certificados, Peters llegó al núcleo del asunto. Las acciones originales habían sido regaladas a Marjorie por su padre entre 1950 y 1962. El valor original de aquellas compras ascendía a la cantidad de 6,626 dólares americanos actualizados a 1999. Lo curioso de esta  historia es que Marjorie, una mujer que había dedicado su vida a labores humanitarias nada relacionadas con las finanzas, nunca quiso complicarse con la gestión de aquellos valores. Nunca compró ningún valor más. Simplemente acordó con su banco un programa de reinversión de dividendos, de modo que cada vez que la empresa hacía uno de estos pagos, este se reinvertía automáticamente en más acciones de la propia empresa. Esos cheques trimestrales de dinero contante y sonante en forma de dividendos se sustituyeron por compras trimestrales sistemáticas a lo largo de 50 años.

En 1999, cuando Peters terminó de poner todos los papeles en orden y pudo contrastarlo con los registros de la propia empresa y el banco de Marjorie, comprobaron asombrados que la cartera de Marjorie Bradt contenía casi una decena de empresas diferentes (todas surgidas a partir de Ma Bell) y tenía un valor de mercado superior a un millón de dólares.

Durante esos 50 años nuestra protagonista no tuvo que hacer nada. No tuvo que predecir la fecha de la II guerra mundial. Ni anticiparse a las subidas o bajadas de las materias primas. Ignoró las distintas crisis del petróleo. La guerra de Irak. Tampoco tuvo que estar pendiente de la inflación, la deflación, señales alcistas, señales bajistas, hombro-cabeza-hombro invertidos, etc. Nada de eso. Ella simplemente mantuvo sus acciones a buen recaudo y, mientras tanto, los dividendos crecientes y el interés compuesto hicieron su trabajo. Como decíamos al principio, de forma silenciosa y eficaz. Sin ruidos.

Es este un proyecto, Cartas del Dividendo, que casi de manera inevitable, tenía que suceder. La inversión en dividendos crecientes es el nexo común, el eslabón, que une a este equipo de trabajo. Alberto, Eloy, Jordi, Mannel y Sergio. Preferimos pensar que más que invertir en empresas, nos asociamos a ellas. Creemos firmemente en la idea que para conseguir lo que hizo Marjorie no hace falta ser ingeniero de sistemas, economista, doctor en matemáticas o tener un MBA en finanzas. Invertimos nuestro dinero como seguramente lo harán ustedes si están leyendo esta carta: con sentido común, en empresas muy sólidas, con historiales de dividendos crecientes magníficos y que respetan al accionista. Somos conscientes, como lo era Marjorie, que seguramente nos estaremos dejando por el camino grandes éxitos de la inversión moderna. Todos querríamos llevar Amazon a 10$. Pero con esa misma sinceridad, les aseguramos que no nos gusta llevarnos sobresaltos. Gestionamos nuestras carteras con una operativa simple, sin tecnicismos ni especulaciones. Preferimos basarnos en datos tangibles, en aspectos fundamentales y ratios financieros. Queremos conocer las empresas de nuestra cartera, su historia, y que ustedes las conozcan tan bien como nosotros.

Esperamos que disfruten de estos escritos y que, de un modo u otro, sirvan para afianzar, para apuntalar con datos fundamentados, las decisiones financieras que tomen. Nosotros seremos transparentes.

Bienvenidos a Cartas del Dividendo.

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